Rara vez pierdes el sueño de golpe. Lo más frecuente es que se vaya esfumando poco a poco. Y cuando el dolor forma parte de tu día a día, puede ser uno de los factores que contribuyan a esa falta de descanso.
Sigues la rutina de siempre. Los pequeños preparativos. Terminas de leer, apagas la luz, colocas bien las almohadas. Has hecho todo lo que se supone que hay que hacer.
Pero el dolor puede dificultar que tu cuerpo y tu mente se relajen. Permanecer quieto durante periodos prolongados puede aumentar la sensación de rigidez y hacer que las molestias sean más evidentes. Las articulaciones se tensan. Das una vuelta en la cama, esperas, te vuelves a girar. El sueño llega a ratos, pero se acaba cortando. Por la mañana, ni siquiera tienes claro si has llegado a descansar algo; solo sabes que ya te levantas cansado.